En el amor, ¿soy idealista?

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A veces creo serlo. A veces creo que la culpa de mis ansias de vivir un amor ideal es el haber visto tantas películas de Disney en mi infancia, tantas películas de princesas rescatadas por sus príncipes, tantas películas de amor con finales felices. Y, de alguna manera, espero vivir esos amores también. Ahora bien, ¿existe eso que nos muestran en la ficción? ¿Existe ese amor tan pasional que supera cualquier adversidad y viven felices para siempre? Muchas veces empiezo a salir con alguien, y me frustro rápidamente cuando mis expectativas empiezan a no coincidir con la realidad, con el curso de las cosas; de repente, quiero que la otra persona se vuelva loca por mí, que me busque, que quiera estar conmigo, que yo pase a ser su prioridad, que necesite de mí, que se me brinde entero… y no es lo que ocurre, por supuesto. Me pongo mal, me angustio, me frustro, me culpo. Empiezo a buscar qué cosas debo estar haciendo mal para que lo que quiero que suceda no pase, o al menos no pasa en el tiempo que yo lo espero. Y ya sabemos que a veces los tiempos que una tiene no son los tiempos reales… nos gana la ansiedad, las “ganas de”. ¿De qué? Las ganas de hacer planes con la otra persona, compartir con la otra persona, sentir una compañía en la otra persona, las ganas de proyectar juntos. Es como que en vez de vivir el momento, de disfrutar lo que hoy tengo, me anticipo constantemente a lo que todavía no tengo pero quiero. Termino no disfrutando ni lo que hay, ni lo que vendrá. Porque siempre quiero más. Quiero sentir el amor de la otra persona, el desearme de la otra persona, el buscarme de la otra persona. Ocurre que el otro también tiene sus propios tiempos, y el punto sería poder hacer que ambos tiempos coincidan en uno. Cedo yo, cedes vos. Se me viene de repente un concepto propuesto por Pedro Salinas muy interesante: “el autoconocimiento del yo a partir del tú”. Idea que refiere a la entrega del sentido de la propia existencia al ser amado, el poder que uno decide otorgarle al otro. De repente se me ocurre la idea de necesitar que la otra persona nos complete en algún punto de nuestra existencia, y tal vez si uno se conociera, se aceptara, se permitiera ser y desde esta aceptación busque al otro y establezca un vínculo… el mismo será más sano y maduro.

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Cuando pienso en las películas de Disney, en las películas de comedia romántica, en las películas de amor, pienso  que definitivamente soy una persona idealista en el amor que quiere conseguir tener su propia historia de amor de película. Ahora… de repente freno un instante y pienso de forma más realista en todas esas películas. ¿Es tan perfecto todo como creo, y como quisiera que sea mi historia? ¿Es todo tan simple y lineal como dos personas que se conocen, se gustan, salen, se enamoran y viven felices para siempre? Y la respuesta es no. No es lineal, no es todo perfecto, todo “ideal”. De hecho, los personajes de esos amores atraviesan obstáculos, dificultades, conflictos, discusiones, problemas, malentendidos. Además de diferentes tiempos, diferentes necesidades, diferentes ideas, diferentes expectativas. Sin embargo, todos tienen algo en común: son pacientes, apuestan, luchan, vencen. Gana el amor. Pero no todo siempre es fácil, no todo siempre es tal como queremos.

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Entonces, mi historia tal vez tiene un parecido con lo que veo en cine, en televisión, con lo que leo en los libros. Tal vez mi historia es más real que la ficción que me venden. Tal vez mi historia es más yo. Sólo es cuestión de apostar, apostar a lo nuevo, apostar al otro, apostar al vínculo. Sin miedos. Dejarse llevar, y caminar a la par, lo que no implica caminar sin  piedras.

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Si soy idealista en el amor… tal vez busco un amor ideal, pero tal vez el concepto de amor ideal es diferente al que siempre me acompañó. Aquí les comparto una idea que leí en internet y me pareció excelente y más que interesante, ojalá todos poder internalizarla y vivir el amor de esa manera. Que la disfruten.

“Te necesito para ser feliz”.  El amor idealizado, el amor que hemos aprendido a admirar es el amor de Romeo y Julieta, el amor de muero por ti y tú por mí. Pero la realidad es que no debemos morir por amor, debemos vivir amando, amándonos a nosotros mismos. Amando lo que somos cuando sentimos amor, cuando nos queremos y somos queridos. Sin excusas, sin cadenas, sin esposas. Es posible cambiar esto, sólo necesitas determinación. Para empezar, el objetivo que debes de plantearte es que ese “te necesito para ser feliz” debe transformarse en “no te necesito, pero te prefiero”, tal y como afirma Walter Riso.  La diferencia se encuentra en que si lo “necesitas” es que tienes unas carencias o déficits que la otra persona suple con su apoyo o su cariño; sin embargo, si lo “prefieres” tú lo eliges siendo una persona completa, sin vacíos.

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Kiss,

P.

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