AmarTE duele

love

Título intenso si los hay. En contadas oportunidades me digo a mí misma, y digo a los demás, que me persigue un “karma amoroso”. Me parece que es como la mejor forma de explicar lo que siento cada vez que conozco a alguien, y tropiezo una vez más en una decepción amorosa (ojo, esto no quiere decir que me enamoro de todos, y todos me rechazan… hablo de decepción amorosa en el sentido de no poder llegar un poquito más, o porque no es LA persona, o porque simplemente la cosa no avanza). Y me pregunto ¿puede ser tan complicado? ¿nací en la generación equivocada? ¿qué pasa con los malditos hombres? De algún modo, no me hago cargo de mi parte, de mis elecciones, de mi forma, de mi responsabilidad. Porque convengamos que cada relación SIEMPRE es un 50 y un 50. Pero bueno, por supuesto siempre es más fácil pasar la pelota para el otro lado, y lavarnos un poquito las manos.

Me pasa que tengo días donde no me importa, no me analizo, no busco explicaciones. Me pasa que tengo otros días donde trato de entender por qué ocurren ciertas cosas, busco una explicación (que tal vez no hay, o no debería buscarla). Me pasa que tengo aquellos otros días donde empiezo a hablar y enseguida me quiebro y lloro: de impotencia, de bronca, de rabia, de no saber, de angustia, de “gula de lágrimas”, no sé, pero lloro. Y precisamente hoy, en un almuerzo con mi mamá (a quien adoro y mando besito) tuve ese “aquellos otros días” en el cual simplemente me puse a llorar. Y horas después, o sea, apenas antes de ponerme a escribir este post, es cuando me di cuenta, y entendí.

Entendí que amar duele, entendí que amar también es pasarla mal y sufrir. Y así entendí que en muchas oportunidades tal vez de alguna manera, y sin darme cuenta, yo boicoteé que la cosa no avance, como más arriba decía. Creo que cuando me siento involucrada con la otra persona, de alguna manera empiezo a sentir miedo. Miedo a pasarla mal, miedo a salir lastimada, miedo al rechazo, miedo a amar de más, miedo a sufrir. Y qué mejor entonces que evitar el sufrimiento evitando a la otra persona, buscando mil obstáculos, mil cosas que no me gustan, mil problemas, mil suposiciones que alimentan mis fantasmas, por ende mis dudas, por ende mis miedos, por ende mi boicoteo. Pero pienso… ¿así no estoy sufriendo también? Esto es, queriendo no sufrir, ¿no sufro igual, pero… sola?

Hay que lanzarse a la pileta aunque no sepamos si hay agua, porque ¿quien te quita esa valentía, ese coraje, ese “lo intenté”? Hay que arriesgarnos, aún sabiendo que en cada arriesgarse algo puede perderse, ó algo puede no salir como hubiéramos deseado. Hay que dar todo lo que una quiera dar, y más. Hay que hacer lo que tenemos ganas de hacer, lo que necesitamos hacer, lo que sentimos hacer. Hay que sentir hasta que la piel se estremezca. Hay que gozar, hay que vivir, hay que amar. Porque amar es la experiencia más transformadora aún sin ser correspondida. Sólo hay que saberla vivir.

Y me despido hasta un próximo post con una frase más que impecable de la talentosísima Isabel Allende: “Por la misma apertura que entra el amor se cuela el miedo. Lo que te quiero decir es que si eres capaz de amar mucho, también vas a sufrir mucho”

Nunca es tarde para cambiar, yo ya estoy en eso.

Kiss,

P.

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