GRANDE PÁ!

Aprovechamos este día para homenajearlos a ellos. A esos hombres de nuestras vidas, que nunca dejarán de serlo. Más allá de las distancias, los tiempos, las incomprensiones, las peleas, los entre dichos, y más. Un vínculo que no se corrompe, que no se pierde, que no se busca. Simplemente ES. Simplemente EXISTE per sé. Y estoy hablando de nuestros papás. De aquellos amores incondicionales si los hay.

Un papá. Quiere tu bienestar, siempre. Quiere verte feliz, siempre. Mueve cielo y tierra, hace lo imposible, te ofrece hasta lo que no tiene. Porque su único objetivo es sacarte una sonrisa. Con su cuerpo te cuida y te protege. Con sus manos te mima. Con su alma te quiere y abraza. Aquella persona que muchas veces no te entiende, que muchas veces te reta, que muchas veces te prohíbe cosas. Aquella persona a la que muchas veces les decimos las peores barbaridades. Aquella persona a la que odiamos intensamente, pero amamos más de lo que podemos amar. Es nuestro papá. El que se desvive por la familia. La voz, la autoridad, el respeto, el amor.

Compartimos la vida. Compartimos experiencias. Compartimos alegrías y tristezas. Yo les comparto un recuerdo que llevo grabado en mi todo: creo que una de las cosas más protagonistas, y más bellas,  de mi relación con papá era “el avioncito”. No había vez que no llegara a casa, sepan que hablo de cuando yo era muy chiquitita, y no le pidiera que me haga el avioncito. Esto era: mi papá se acostaba en la cama o en el piso, levantaba las piernas en posición 90 grados, y me acostaba a mi en sus plantas del pie con los brazos abiertos en 180 grados y me movía con sus piernas como si un avión estuviera planeando. Único. Me encantaba ese momento con mi papá.

Hablamos de ese amor tan único y personal que tenemos hacia nuestro padre biológico. Pero también está aquél padre que te regala la vida. Aquél padre que uno elige con el alma y el corazón. Aquél padre con el que se comparte un amor inmenso. Te llena, te alimenta. De dicha y gozo.  Gran amor, distinto pero especial. 

En contadas ocasiones ocurre que cuesta entender este amor del que les hablo. De hecho, muchas veces no sabemos cómo conectar con nuestro papá. No dejamos de estar hablando de dos personas y un vínculo que, si bien existe desde el momento uno que salimos de la panza de mamá, hay que construirlo. Pero de algo estoy segura: siempre en el fondo el amor está. Sólo es cuestión de bucear en el alma, y encontrar la manera de expresar ese vínculo, ese amor, ese cariño. Y vibrar con él.

Les digo algo: no se queden con las ganas de decir nada, no se queden con las ganas de hablar nada. Digan te quiero cada día, abracen a su papá siempre que puedan. Un día no estará más, y lo más lindo sería que nada haya quedado pendiente. Al menos, intentarlo. No callen nada. No hay nada más bello y sano que soltar las palabras que necesitamos soltar, y los sentimientos que sentimos tener.

Son de esos amores incondicionales, son de esos amores eternos. Este hombre sí va a prometerte la luna idea y vuelta. Sólo tengo un gracias inmenso. FELIZ DÍA PÁ!!!

Por siempre y para siempre.

TRES OTOÑOS

P.

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