S O L T A R

soltar portada

Se me ocurrió terminar este fin de semana, y despedir este domingo soleado, reflexionando un poco.

La vida es cíclica, es vueltera. Y a veces nos encontramos antes la situación de tener que cerrar ciclos. Por necesidad, porque queremos, porque no nos queda otra. Tal vez no importa la razón ó el motivo, simplemente es algo que la vida nos dice que tenemos que hacer. Y ¡cómo cuesta! Y ¡qué difícil!

Nos da miedo dejar atrás aquello que debemos soltar. Nos da miedo olvidarnos de eso que hemos vivido. Nos da miedo que los recuerdos, con el tiempo, se borren. Nos da miedo lo que va a venir. Nos da miedo la novedad. Nos da miedo la incertidumbre de qué va a pasar a partir de mi cierre y de mi soltar. 

Pero nos estamos olvidando de algo: cerrar un ciclo no quiere decir olvidarme para siempre de lo que estoy cerrando. No quiere decir “dejar atrás”. Porque aquello que uno cierra siempre formará parte de uno, de nuestra historia, de nuestra esencia. Sólo que empieza a formar parte desde otro lugar, y con otra intención. Si logramos cerrar el ciclo naturalmente, salimos más grandes, más airosos y con un aprendizaje de esa situación. Un aprendizaje que nos sirve para lo que va a venir.

Cerrar el ciclo… no es fácil. A veces llegamos a lograrlo después de varios intentos. Y a veces nos encontramos creyendo que lo habíamos cerrado para que, de repente, así, de la nada, algo nos enfrente a la realidad de que, tal vez, no estaba del todo cerrado. No es caer, no es perder, no es tropezar. Es nada más ni nada menos que la vida misma. Y está bien que así sea.

Ocurre que cerrar el ciclo es doloroso. Angustia, oprime, sofoca, duele. Lamentablemente, “es un mal necesario” por lo que tenemos que atravesar. Es algo así como un duelo… porque es la pérdida de algo. Pérdida en un sentido figurativo, porque recordemos que no perdemos lo que cerramos, permanece por siempre en nuestra alma, y nos hace ser lo que somos. Precisamente, porque sabemos que soltar duele es que nos cuesta tanto, a veces, cerrar ciclos. Las personas queremos escaparle al sufrimiento, pero en el intento de escaparle sufrimos más.

Cerrar ciclos significa seguir adelante y abrirnos a lo nuevo que vendrá. Mientras estemos atados al pasado, a eso que ya no es, nos encontraremos cerrados a lo que está esperando por nosotros.

Soltar, intensa palabra, intensa su intención, intensa su acción. Yo estoy soltando, estoy aprendiendo a soltar. Me cuesta, sí. Lloré, sí (cura de llanto, diría yo). Pero me siento bien, me siento plena. Porque cerrando me estoy abriendo. Cerrar es abrir. Fin.

P.

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