D I C I E M B R E

diciembre

30 de noviembre. Estoy en mi balcón sentada, al sol, tomando mate, y me puse a escribir esta nueva entrada del blog. Último día de noviembre, y arranca diciembre… el último mes del año.

No es un mes cualquiera, no es un mes más. Creo tener una relación bastante especial con diciembre (y creo que, en algún punto, todos la tenemos). Desde ya que es una época de fiestas, de alegría, de cambios. Se va un año, arranca otro. Pero diciembre también está cargado de emociones, de reflexiones, de nostalgia, de melancolía.

Es un mes de balance. Sin darnos cuenta comenzamos a reflexionar sobre todo lo que hicimos este año, y sobre lo que no hicimos. Pensamos en los pendientes, en lo que está por venir. Nos ponemos metas y objetivos para el próximo año. En este “reflexionar” comienzan a fluir muchas, muchísimas, sensaciones y emociones: alegrías, frustraciones, orgullo, enojo, nostalgia, melancolía, añoranza, felicidad, tristeza, paz.

Pasamos de sentimiento a sentimiento sin escala. Sin preparación. Sin anticipación. Nos sorprendemos todos los días con algo nuevo que, muchas veces, no sabemos como transitarlo, vivirlo o sentirlo. Es un mes de cambios, o al menos de propuestas de cambios.

Es un mes donde se extraña (más de lo habitual) a aquellas personas que ya no están con nosotros (por supuesto que en el plano material). Creo que es un mes donde nos replanteamos muchas cosas, muchos temas. Nos replanteamos nuestra vida, nuestro camino, nuestro proyecto.

Creo que es un proceso natural. Creo que ya estamos algo acostumbrados que así sea. Y creo que puede salir algo lindo de todo este “desorden” que caracteriza a diciembre. Creo que es un desorden que tiene como objetivo ordenarnos. Ordenar de donde venimos y hacia donde vamos. Creo que es un lindo momento para soñar y proponernos muchas cosas… total, siempre hay tiempo para hacer y cumplir.

Desde hace varios años que tengo una especie de ritual en esta fecha. Escribo en una hoja objetivos para el año que sigue. Esa hoja la tengo al final de mi agenda, y no la toco nunca más hasta que llega el último día del año. Ese día la agarro y la leo. Veo que cumplí y que me quedó pendiente, o no pude, o se me hizo difícil. Hago mi propio análisis, y una vez hecho, la tiro para darle lugar a la nueva hoja que me acompañará a lo largo de todo el próximo año.

Como les decía, diciembre es lindo: es alegre, es momento de encuentros, de salidas, de celebraciones, de amistades, de amores, de familia. Es un momento para encontrar paz con uno mismo. Es un momento para perdonar y perdonarse. Es un momento para agradecer. Es momento de felicidad. Por eso, brindo con ustedes por este último mes de 2015: ¡que se viva con pasión!

Besos!!

P.

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