Los 30

Hola amigas virtuales (qué lindo tenerlas al otro lado de la pantalla):

Aquí me encuentro, escribiendo, sin saber muy bien qué. Y de algún modo, este “sin saber muy bien qué” responde a mi estado actual en el que no sé muy bien nada.

Situación actual: en dos meses cumplo 30 años. Uf, qué fuerte. Ya el número en sí mismo me genera como una conmoción. Que va de la mano con una crisis.

Históricamente, cada cambio de década es, sobre todo para las mujeres, como un cimbronazo. Como un temblor. Es verdad que no siempre cumplir años y cambiar de número adelante genera una sacudida. Pero, debo reconocer que en mi caso, sí. Me estaría costando algo así como bastante superar mi cumpleaños número 30.

Es un momento de la vida en el que te replanteas muchas cosas. Yo, por ejemplo, me pongo a pensar en los objetivos cumplidos, en los que me faltan por conseguir, en mi profesión, en mi vida personal, en mi tiempo, en lo que se fue, en lo que queda. Me pongo a pensar, básicamente, en todo y en nada.

A veces, me siento bien. A veces, me quedo tildada en pensamientos negativos. Pienso en aquello que me hace sentir trabada, en aquello en lo que no puedo avanzar, o no logro resolver. La realidad es que todas, eventualmente, nos sentimos de esta forma y tenemos estas sensaciones. Pero como que los 30 te lo hace sentir mucho más. Te moviliza mucho más.

Si hago un análisis, puede que sea porque a lo largo de la adolescencia (e incluso, me atrevo a decir que también durante la niñez) solemos imaginarnos nuestra vida. Cómo va a ser, cuándo se van a dar los grandes pasos, cuándo nos vamos a casar, cuántos hijos queremos tener, cómo vamos a hacer nuestra carrera, y etc., etc., etc. Me atrevo a decir que el punto nodal de la cuestión es cómo creemos que vamos a llegar a los 30. Cómo nos visualizamos a los 30. No sé por qué ponemos como límite los 30, pero así tal cual es.

Resulta que si llegas a los 30, y parte de lo que te imaginaste no está, no se dio (todavía, porque no quiere decir que nunca se de), te quebras, te frustras, te enojas, te estresas. De repente: caos mental.

Creo que lo ideal sería poder ampliar nuestra visión. Abrir nuestra mente, y no quedarnos atrapadas en la estructura que habíamos armado a lo largo de los deicipico y ventipico. El objetivo de la vida es, siempre, disfrutar el proceso. Con sus altibajos, con sus terremotos, con sus piedras. De lo contrario, desarrollamos una mente con actitud “resultadista”, esto es: sólo me importa el resultado. Ocurre que si el resultado que quiero no se logra cuando yo quiero me frustro, y eso no está bueno. Rebelarnos a nuestros propios límites, a nuestras propias pautas, a nuestros propios “deberías”. De ese modo, nos sentiremos plenas con nuestro estado actual, con nuestro momento actual. Los 30 serían lindos, porque se sentirían lindos.

Caos afectivo, caos mental. Nostalgia, melancolía, madurez, alegría, angustia, desorden, tensión, inteligencia. Todo esto y más… me trajeron los 30. Trataré de ampliar mi visión, disfrutar lo ganado hasta el momento. Disfrutar lo que me queda por ganar. Pedir tres deseos, y soplar las velitas (eso sí, un poco lejos de la ciudad!).

Ojalá les haya gustado el post de hoy. Es, tan sólo, como me siento últimamente. Y la descarga de escribir me ayuda para aclarar mi mente, y ver la solución. O, al menos, intentar la mejor manera de lidiar con esta crisis vital. Que, como toda crisis, implica una oportunidad. Una linda oportunidad de cambio.

Besos!

P.