Direccionar la energía

merecer

Energía. La vida es energía. El universo también lo es. Y todo lo que vemos y tocamos son manifestaciones de esa energía. Vos, yo, cada uno de nosotros, somos parte de esa energía.

Desde este punto, la vida es transformación, y es uno quien elige en qué queremos transformar nuestra experiencia. Por eso, se vuelve importante saber direccionar nuestra energía para crear la vida que uno quiere tener. Mientras no sepamos exactamente hacia dónde estamos yendo, cuál es nuestra gran meta, qué deseamos o qué necesitamos, experimentaremos confusión, dudas, debilidad. Cada paso nuevo se verá obstaculizado. Sentiremos que las cosas nos cuestan, que no salen como nos gustaría, y no entendemos porqué.

Ocurre que, durante todo ese rato, nuestra energía está fluyendo de una cosa a la otra, algo así como “vagando de aquí para allá”, sin nada concreto a lo que aferrarse. Hoy ponemos la atención acá, y mañana ponemos la atención allá. Y así pasan los días. Estamos “en el limbo”.

A la energía hay que darle una forma. Y, para eso, lo primero que debemos tener es una idea clara de qué queremos para nuestra vida. Lo que sea. Y visualizarlo de la forma más detallada posible. Y amarlo con cada una de nuestras partículas. Y abrazarlo con el alma entera. Y sentirnos merecedoras de eso. Entonces sí, la energía la estamos direccionando correctamente. Tiene un foco, y hacia allí va.

Entonces, de repente, vemos que las cosas comienzan a darse. No hay obstáculos. Las oportunidades aparecen. Sólo existen soluciones. Los caminos se abrieron. Porque el universo entero conspira a tu favor.

No olvidar:

  • visualizar con fuerza,
  • amar con fuerza,
  • saber con fuerza cuánto te lo mereces,
  • creer con fuerza.

Recuerda siempre: cuando sabemos lo que queremos y hacia donde queremos ir, la magia se hace en nuestra vida. Todo el universo es nuestro, está dentro de cada uno de nosotros.

P.

Tú creas tu mundo

creacion

¡Hola!

Todos los días de mi vida me despierto y busco conectarme con mi ser más interno, más esencial, más niño. Busco llegar a mi alma, y bucear en ella. Busco vivir a través de ella. Porque es lo que somos, ni más ni menos.

Ocurre que no siempre puedo, no siempre me sale y, en contadas ocasiones, me resigno y abandono. Pasan algunos días y me siento vacía, siento que me falta algo. Algo muy mío que sólo yo puedo conocer, que sólo yo puedo abrazar. Y vuelvo. Vuelvo a intentarlo todos los días, una vez más.

¿Me frustro? Muchísimas veces sí (si no todas). Pero creo, mejor dicho estoy segura, es parte del proceso para lograr la conexión infinita. ¿Quién dijo que iba a ser fácil? En realidad, nadie. Pero uno cree que así debería ser porque “cómo va a ser dificil darle bola al espíritu, cómo Dios (universo, energía, abuelo, o como cada uno quiera llamar a ese GRAN ser) nos la va a complicar”. Eso es lo que afirmamos y nos decimos. GRAN ERROR.

Entonces, se me ocurre compartirles lo que para mi alimenta el alma, libera de toxicidades y nos ayuda a vivir de un modo más “almático”. Esto es, más en paz, más en la fe, más en la calma. En fin, más en la dicha. Porque como me enseñan y me dicen en meditación: “somos conciencia, existencia y dicha”. Nada puede ir mal, o nada puede terminar mal. El universo es abundante, somos abundantes.

Aquí va mi humilde lista. Y digo humilde porque es lo que yo hago  (o como dije antes trato de hacer) todos los días y muchas veces me hace sentir bien, me ayuda, me libera de cargas. Todo lo estoy experimentando, y se los comparto porque me gusta compartir cosas lindas o cosas que pueden sanar (y acá van muchas sonrisas).

  1. DECIR GRACIAS. A veces, está la tendencia a mirar “el vaso medio vacío” o mirar “lo que falta, lo que no se tiene, lo que no hay”. Y ¿que hay con todo lo que poseemos? ¿Te estás sirviendo café con leche? Gracias por el café que estoy tomando. Gracias por la familia. Gracias por mi casa. Gracias por mis perros. Gracias por la cena. Gracias por mis amigos. Gracias por el auto. Gracias. Gracias por lo que sientan tener, por lo que pueden vivir todos los días. Gracias por abrir los ojos hoy. Agradecer trae dicha. Agradecer trae abundancia y riqueza.
  2. IMAGINAR TU DÍA TAL COMO QUIERES QUE SEA. Imaginar es una forma de crear. ¿Y sabían ustedes que nosotros creamos nuestro día? Lo pueden hacer con los más mínimos detalles o en un modo amplio. ¿Querés recibir tal respuesta, tener tal reunión, recibir tal mensaje? Imaginalo. O simplemente se puede decir “que mi día se desarrolle en amor y armonía”. Y no se olviden, una vez más, de agradecer. Dar lar gracias como si eso ya fuera dado.
  3. LO SIENTO, GRACIAS, PERDÓNAME, TE AMO. ¿Escucharon hablar del ho´ponopono? Es un mantra que se basa, también, en la idea de que nosotros somos los responsables de nuestra realidad. Es decir, creamos nuestra realidad. Este mantra ayuda a limpiar emociones y pensamientos negativos, a purificarnos, a sanar. No hace falta creer en algo en particular. Lo único que importa es repetir este mantra (en el orden que quieran) y confiar. Por lo tanto, ya saben. En sus ratos libres, en sus tiempos muertos, pueden repetir este mantra mentalmente y en voz baja una y otra vez.
  4. MEDITAR. Como ya les he hablado en un anterior post, la meditación diaria es súper importante y liberadora. Lo pueden hacer acostados, sentados de cara a su altar, o como más deseen. Conectarse con su respiración, con su cuerpo físico, con su aquí y ahora.
  5. FLORES EN SU HOGAR. No hay un día del año que no tenga flores en mi departamento. Cuando comienzan a marchitarse salgo enseguida a comprar su reemplazo. Dan color, dan vida, dan alegría. Las flores son elevadoras de nuestra energía. No lo leí en ningún lado pero es mi experiencia personal. Llegar a mi casa y ver flores me eleva.
  6. VELAS, SAHUMERIOS. Limpian, purifican, aromatizan, dan calidez, armonizan. Son parte esencial de mis noches, siempre.
  7. MÚSICA. Clave. Compañera de experiencias, anécdotas, momentos de calma. Música que eleve tu espíritu. Que te anime. Que te suba la energía. La que quieras vos, la que eso te genere a vos. Música viva.
  8. SER CUIDADOSO CON LAS PALABRAS. ¡Fundamental amigas! Se lo digo, siempre, a mis pacientes y lo implemento conmigo misma. Ojo con las palabras que usamos para referirnos a una misma, a la vida, a las situaciones, a un otro. Las palabras también crean. Es importante estar atento a esto y, en tal caso, inmediatamente retractarse. Ejemplos: “estoy re pobre” puede reemplazarse por “mi economía ha estado mejor en otro momento”, “mi vida es súper dificil” podría convertirse en “a veces las cosas podrían ser un poco más fáciles”. Lo que digo se manifiesta. Tengamos cuidado.

En fin, estas son algunas de las cosas que suelo practicar a diario. Tal vez me esté olvidando de alguna y, en ese caso, lo agregaré más adelante. Pero básicamente lo que debemos tener siempre presentes es que SOMOS LOS CREADORES DE NUESTRA REALIDAD, CREAMOS NUESTRO DÍA. Comencemos a responsabilizarnos de eso. Comencemos HOY.

P.

Meditar: Modo Corazón

meditación

¡Gente querida!

¿Cómo están ustedes? Yo acá estaba, tomando un café con leche y transitando una semana como bastante movilizante. Les cuento porqué. Los lunes voy a meditación grupal, experiencia súper rica que se las recomiendo a todas. La última que hicimos resultó ser muy intensa, vivencial y sanadora. Tenía que ver con la aceptación (que ya en algún otro post les hablaré de lo que encierra esta palabra que parece tan simple, y de fácil no tiene nada). Cuestión que me dejó en un estado como de anestesia, bastante bambeada, reflexiva, conectada.

A raiz de esta experiencia, tengo ganas de compartir con ustedes algo sobre la meditación. ¿Qué es la meditación? ¿Cuál es el objetivo de meditar? ¿Cómo hago para dejar la mente en blanco por 30 minutos? ¿Cómo no pensar siquiera en un minuto? Estas preguntas son algunas de las tantas que aparecen cuando alguien hace referencia a la experiencia de meditar. Y, amigas, debo decirles que estamos en un error conceptual bastante grande.

MEDITAR no es “mente en blanco”.

MEDITAR no tiene un objetivo puntual y concreto.

MEDITAR no es “no pensar”.

MEDITAR no es estar en posición “yogi”.

MEDITAR no es tener una intención.

MEDITAR no es nada porque, en realidad, es TODO.

MEDITAR: es conectarse con tu aquí y ahora. Es estar con una atención plena y conciente en lo que nos pasa en este momento. Es la capacidad de poder registrar los pensamientos que aparecen (buenos o malos), sentir las emociones que aparecen (buenas o malas) y aceptar. Es conectarte con tu estado de ese momento. Es conectarte con tu cuerpo físico y todo lo que le pasa a ese cuerpo físico. Es sentir. Es conectarte con tu verdad, con tu esencia, con lo que sos. Es salir de la mente para posar en el corazón. Para todo esto, el anclaje es siempre la respiración. Con paciencia, es siempre un volver atento a la respiración.

paz

Estamos todos los días viviéndolos como si nos corrieran detrás. Estamos siempre, casi como de forma espontánea y natural, escapando del momento, del ahora, del instante. Muchas veces porque no nos gusta lo que tenemos, lo que somos, lo que nos pasa. Estamos en MODO MENTE: yendo para atrás, yendo para adelante, pero nunca simplemente “estando”. La mente va del pasado al futuro, y del futuro al pasado sin escala. ¿Y el presente donde está? No lo sabemos. Bueno, meditar es estar en MODO CORAZÓN. Estas presentes en el presente, en el momento. Por eso, meditar no es mente en blanco si no que es “estar presentes en esto que está ocurriendo ahora”. Es experimentar, es sentir, es vivenciar. Podemos meditar siempre, si así lo quisiéramos: cuando tomamos un café podemos meditar. Experimentar el café: ¿está caliente? ¿tiene espuma? ¿está dulce? ¿lo estoy disfrutando? En ese momento, estoy haciendo eso. ¿Por qué pensar en lo que pasará después o lo que ya pasó? Eso, es meditar.

Pueden intentarlo solas, pueden ir a grupos de meditación para tener un apoyo, pueden buscar meditaciones guiadas en youtube. Lo tienen al alcance de sus manos, es sólo una cuestión de proponer.

Espero disfruten el post, les dejo cariños

P.

A H O R A (y nada más)

aqui y ahora

Estoy tomando mate, escuchando música, al aire libre. Rodeada de pasto, árboles, padres, hijos, y barriletes. Tengo de fondo una canción tan maravillosa, tan sabia, y tan intensa, que me abstrae de todo, al mismo tiempo que me hace estar en todo. Estar en este ahora tan maravilloso, tan lindo y en el cual todo está tan bien. Estar conectada con estas sensaciones que brotan de este instante que estoy viviendo, y en el cual estoy tan presente y adentro. Algo tan simple, como tan difícil. Generalmente estamos tan inmersos en nuestros pensamientos, tan absorbidos y dominados por esta mente que tenemos y a la cual nos identificamos una y otra vez. Una mente tan condicionada por nuestro pasado y tan anticipada a nuestro futuro. Si en este momento tan maravilloso que tengo, le doy espacio a la mente, probablemente ésta comience a pensar en los problemas que pueden haber, que pueden venir, que pueden aparecer. La pregunta es: ¿existen ahora? ¿existen en este mismísimo instante? ¿existen en este ahora? La respuesta sería: NO. Entonces, ¿por qué preocuparnos? ¿por qué hacerlo de ante mano? ¿resolvemos? ¿solucionamos? ¿curamos? La respuesta, una vez más, sería? NO. Si lo único, y tan preciado, que tenemos es un AHORA, por qué no vivirlo, por qué no experimentarlo. Menos pensar, y más sentir. Menos pensar, y más experimentar. Eso le digo a mis pacientes, y eso me digo a mi misma todos y cada uno de mis días. Los problemas existen en nuestra mente, y nada más que ahí. Cuando en mi ahora estén los problemas, me ocupo. Pero cuando en mi ahora no lo estén, estate presente en este ahora. En serio, no lo olvides: es lo único que tenemos.

La canción que escuchaba era: Un beso en mi nariz. Y esta es la letra.

P.

 

 

 

 

 

Hacerse fuerte

universo

Buen día gente linda,

Estaba pensando en el dolor. Estaba pensando en la vida cuando tenemos un problema. Cuando no encontramos una solución, o al menos no la vemos. Estaba pensando en qué hacemos nosotros con eso, cómo luchamos, cómo pensamos. Estaba pensando en nuestra actitud ante el problema.

Tenemos momentos en los que nos sentimos superados por la situación. Sentimos que nuestra fuerza pasó a ser una debilidad. Nos sentimos frágiles ante las circunstancias. No hay luz al final del túnel, y todo parece oscuro. Sin salida, sin escape.

Y leemos mil frases de aliento. Y leemos millones de textos que nos explican cómo vivir la vida, cómo ser inteligentes ante las adversidades. Y miramos un montón de videos motivacionales. Y nada parece servirnos. Nada parece poder ser aplicado.

Y escuchamos una frase que dice algo así como que “en el momento malo de nuestras vidas crecemos” y otra algo así como “no te das cuenta pero ÉSTE es tu mejor momento”. Y nosotros nos quedamos mirando como diciendo “ah sí? explícame por qué si yo la estoy pasando fatal”. ¿Alguna vez les pasó algo parecido? A mi hace muy poquito, y todo esto que les digo lo viví, lo sentí (y por momentos me sigue pasando).

Todos los días abro los ojos con el propósito de confiar más en el universo perfecto y el plan que nos tiene preparado. Con el propósito de hacerme fuerte ante las adversidades. Porque la realidad es que todo eso que vemos, leemos y escuchamos es TAL CUAL. Si existe el problema, existe la solución. Si la solución no existiera, el problema no sería tal. En cualquiera de las dos formas, ¿qué sentido tendría preocuparnos? Sólo hay que ocuparse: sin sufrimiento. Como me dicen en meditación: “el sufrimiento lo crea la mente”. ¿Por qué? se estarán preguntando. Porque es la mente la que, ante el problema, construye escenarios, construye consecuencias, construye fatalidades. El problema en sí mismo vino a ayudarnos a crecer, ayudarnos a ver algo que no veíamos, ayudarnos a cambiar, ayudarnos a ser más fuertes. Sólo es cuestión de aprender esto y que nos nos inunden los productos de la mente, y que no nos ahoguemos ante la adversidad.

Todo pasa. Todo cambia. Todo sigue. Vos, yo, ellos, la vida. Abracemos al problema. No luchemos contra él. Si no con él.

¡¡Besos!!

P.