Redes sociales: ¿ficción o realidad?

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Vivimos en una era de imágenes. El amor lo compartimos a traves de las redes, los afectos los expresamos a traves de una pantalla de celular, y la vida se muestra como perfecta. Instagram, facebook, snapchat. La era de la frivolidad.

Pertenecer hoy es pertenecer a instagram. “Formar parte” hoy es formar parte de las principales redes sociales. Tener éxito es ser popular en las apps más famosas. Y así estamos. Cada vez más solitarios, cada vez más impunes.

La comparación y el “querer ser como” están a la orden del día. Querer ser como la chica que sigo en instagram, querer tener muchos likes, querer tener esa ropa, querer hacer esa salida, querer tener la vida del otro.

¿Qué hay de verdad en lo que se muestra? ¿Qué hay de real en la vida que nos muestran las imágenes? No estoy en contra de las redes sociales, de hecho yo soy bloggera y las uso muchísimo. No estoy en contra de compartir ideas, datos y la vida de uno hasta donde cada uno quiera hacerlo. Incluso, creo que está bueno que existan estos medios de expresión y de inclusión. El problema está, como siempre, en el abuso.

El conflicto aparece cuando la persona que está del otro lado no lo toma como una ficción o como un “como si”. La situación se vuelve angustiante para la persona que compra eso y compara su vida en detrimento a lo que le devuelve la pantalla. Ahí es cuando las redes sociales avasallan y quiebran la autoestima. Estamos en una era donde la valoración personal está referida a cuán popular es uno en instagram. Los likes significan “me aceptan, soy parte”.

Las imágenes que vemos son tan sólo una milésima parte de la vida de alguien. Ese alguien es mucho más que una fotografía. Ese alguien tiene una historia, metas, vínculos, que van más allá que lo que decidió mostrar. Las imágenes que vemos son un recorte de la realidad. No es ficción en el sentido literal de la palabra, si no que es ficción en el sentido de “no es mi vida entera, no te confundas vos que estás del otro lado”.

La valoración de uno mismo tiene que ser propia, autoreferida. No tiene que responder a la mirada del otro, o en comparación a la vida del otro. El otro es simplemente un otro del cual vos conoces lo que el otro quiere que conozcas. Tu vida es tuya, y lo real y esencial está más allá que una simple red social.

P.

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El amor

amour

El amor, un gran enigma. ¿Qué es el amor? ¿Qué significa amar, estar enamorado? ¿Cómo saber que lo que siento es amor? Preguntas que, en sí mismas, no llevan una respuesta. Por el amor se siente en el cuerpo, en el alma, en lo más intrínseco de nuestro ser. Y al mismo tiempo el amor es inherente a la esencia del ser humano. Del amor brota todo, y el amor abarca todo. De ahí que considere que San Valentín encierra más que un amor de pareja. San Valentín debe ser celebrado por todos porque sin amor no hay vida, y eso celebramos este día. “El amor no es algo que inventamos. El amor es lo único que trasciende las dimensiones del tiempo y el espacio. Debe significar algo”. 

El amor le da significado a todas las cosas, y a todas las personas. Nos sentimos uno con el mundo. Hay unicidad. El amor nos hace sentir vivos. Lo respiramos, lo transpiramos. Es una llama que hay que mantener encendida porque es el motor de la vida. Pero empieza por uno. Hay que amarnos para amar. Hay que estar enamorados de uno mismo para poder estar enamorados de otros.

Y eso, tal vez, es lo más difícil. Me atrevo a decir que muy pocas personas se aceptan y se aprueban tal como son. Con su sombras y sus luces. Porque amor es aceptación. Van juntos. Uno es lo otro. Si no aceptamos, no podemos amar. Si nos enojamos con las sombras de uno, con las sombras del otro, entonces entramos en conflicto y no hay amor.

Trabajemos en nuestra aceptación. Y el amor fluye. Y vivimos en estado de amor. Como siempre le digo a mis pacientes: “tenemos en nuestro poder la posibilidad de ver con anteojos rosas, con anteojos negros o anteojos grises. El punto no es ver todo color de rosa ni todo negro, el punto es ver los grises en nuestra vida, en nuestro ser, y en los demás”.

Y ahí está el secreto para saber lo que es el amor, saber si nos sentimos enamorados. Porque simplemente lo sabemos. Simplemente es. Simplemente está ahí.

P.

 

 

 

The Walking Dead: un análisis psicológico

Estoy completamente abstraída en el mundo de The Walking Dead como nunca imaginé que me pasaría. Siempre estuve bastante reacia y resistente a la idea de ver una serie de zombies al mismo tiempo que mi mamá me decía “Pau la serie tiene a los zombies dando vueltas pero va más allá de eso la historia”. Y ¡cuánta razón tenía! No va más allá, va súper más allá. Trasciende esa temática ampliamente y, si logramos verla con perspectiva, deja un mensaje fabuloso y profundo.

La humanidad (en realidad, humanidad es tan sólo una palabra que trata de definir algo y en sí misma no es nada. No es más que multitud de personas, o más bien multitud de personalidades). Esa masa de personas que viven, que luchan, que trascienden. Y la serie nos muestra eso. Nos muestra la lucha de los sobrevivientes por seguir respirando, la lucha por conseguir comida, refugio, seguridad. En paralelo, se ven reflejadas las miserias humanas y las fragilidades de las personas en momentos límites. Vemos cómo las personas van transformándose a medida que pasan los días y siguen en pie. Entendemos como su debilidad se convierte en fortaleza, y también nos encontramos con el egoísmo y la individualidad (tan característico, a veces, en muchas personas… o, si se quiere, en la humanidad). La lucha por sobrevivir. Aparece la compasión, la bondad, la ayuda y el compartir. Pero también aparece su contraparte: el aislamiento, la mentira.

Asimismo, The Walking Dead refleja la importancia del aquí y ahora, que muchas veces lo leemos, lo escuchamos, lo pensamos pero nos cuesta aplicarlo. Porque, total: “siempre hay tiempo, tengo tiempo, mejor mañana, pero dentro de un mes mirá si…” etcétera, etcétera y más etcétera. Y nos olvidamos de vivir hoy, de que estamos vivos hoy. Los protagonistas de la serie no saben si mañana van a despertarse, la muerte los acompaña como una sombra. Entonces es cuando aprenden que fluir es la mejor opción y que sentir va de la mano. Interesante, ¿no?

¿Alguna vez se preguntaron qué harían hoy si supieran que el mañana no va a estar? ¿Alguna vez se preguntaron si preocuparse por dentro de tres días vale la pena? ¿Hay que vivir al límite para aprenderlo? ¿Tiene que pasar algo malo para darse cuenta cómo hay que vivir? ¿Alguna vez se preguntaron cómo vivirían si pasara lo que la serie muestra? ¿Cómo serían, qué harían, si podrían?

Todas estas preguntas aparecen planteadas de trasfondo. Veamos un poco más de lo que vemos. Escuchemos un poco más de lo que escuchamos. Veamos con otra perspectiva y la serie nos va a sorprender.

¡Aplausos!

P.

 

 

 

 

V E R A N O

verano

El verano tiene ese “no se qué”. La gente se ve más alegre, con ganas de encuentros, de compartir. Las terrazas se llenan de amigos, de parejas, de conocidos, de citas. La ronda de cerveza es un aliado de los atardeceres. Estamos más sueltos, más relajados, más serenos. El sol nos sienta bien. El olor a mar nos energiza y llena de buenas vibras.

“Ir a tomar helado” es la excusa más fácil para salir a la calle. La pileta se hace nuestro mejor amigo. Y ni siquiera el trabajo nos pesa tanto.

Ver el cielo azul, escuchar a los pájaros cantar, los árboles más verdes que nunca y flores por todos lados. Eso es lindo. Pequeñas cosas que nos sacan una sonrisa. Los días son más largos, la noche tarda en llegar y el sol está ansioso por salir. Sentimos que tenemos más tiempo para hacer cosas, que nada nos corre tanto. Ver a la gente contenta ya nos pone contento a uno.

El verano tiene ese “no se qué”. El verano es una danza del alma. El verano tiene brillo propio. Hasta la ropa de verano es genial. Es cómoda, es casual, simple, es colorida, es vibrante.

Pareciera que en verano no hay problemas. Sólo risas y más risas. En realidad, es un modo de vida, o un estado mental. Estado que deberíamos sostener a lo largo de todo el año. Porque el verano es la vida. La vida es eso. Es disfrutar de cosas pequeñas, es disfrutar de la naturaleza, es disfrutar del otro. Es puro disfrute.

El verano tiene ese “no se qué”…

P.

 

 

 

La vulnerabilidad del amor

kinopoisk.ru

En la experiencia de amar hay una entrega. Una entrega profunda, intensa, total. Una entrega que, de tan enérgica, nos vuelve frágiles. Vulnerables. Y, como me gusta llamarlo, vulnerables al amor. Al amor que nos puede dar un otro, y de repente, así sin más, quitárnoslo. El desgarro de no ser queridos en reciprocidad. El desgarro de no seguir siendo elegidos. El sentirnos, en cierto modo, quebrados. O vacíos. O sin nada. La vulnerabilidad al amor, como la llamo yo.

Miedo a no tener el control. Miedo a no tener el manejo de la situación. Miedo a no saber qué va a pasar. Miedo a la incertidumbre. Miedo a esta vulnerabilidad. Miedo que, muchas veces, lleva a evitar la experiencia de amar. Tal vez no a un nivel conocido por nosotros. Pero sí a un nivel tácito. ¿Cómo funciona este nivel? A partir de programas que tenemos instalados y próximos a activarse frente a determinadas situaciones que los involucran. Programas construidos a partir de experiencias tempranas, y experiencias posteriores que corroboran las primeras. Programas que tenemos que re programar. O conocer. Y conociéndolos, identificándolos, poder controlarlos. Y, así, “re-chipear” nuestro sistema.

Entonces vemos que elegimos un determinado perfil de chico, nos enganchamos de la persona que no se engancha con nosotras, buscamos excusas para que no nos guste el que nos elige, nos volvemos pretenciosas. Nos boicoteamos. Porque es la manera más fácil de salir “airosas”, sin posibilidad de angustia, ni sufrimiento. Por evitar sufrir, evitamos la más linda experiencia que es la de amar.

Creo que dramatizamos el vínculo de pareja. Lo pensamos en un nivel distinto que otros vínculos. Por ello, el sufrimiento va a ocurrir y va a ser terrible. “En el vínculo de pareja nos pueden lastimar”. “En el vínculo de pareja nos pueden dejar”. “En el vínculo de pareja estamos todo el tiempo jugando con el dolor, el abandono, el rechazo”.¿Y quién dijo que el vínculo de pareja es distinto a otros vínculos? ¿Quién dijo que en un vínculo de amistad no sufrimos, o no estamos expuestos a la posibilidad de sufrir?

Es verdad que compartimos desde un lugar distinto, y nos entregamos en cuerpo y alma. Pero es un vínculo como cualquier otro, donde pueden pasar cosas, pero donde también podemos salir fortalecidos y con aprendizajes nuevos y distintos. Es verdad. Amar es ser vulnerable. Es darle la posibilidad a un otro de lastimarnos. Es sentirnos frágiles pero fuertes al mismo tiempo. Es la máxima felicidad, y tal vez la más dura realidad. Pero vale la pena vivirlo. Si hay que sufrir, que sea por amor.

Creo que, de cualquier lado por donde lo mires, la experiencia de amar es linda, es gratificante, es amplia, es almática, es esencial. Y creo que, mires por donde lo mires, vale la pena amar y ser amado. Entregarse a un otro. Abrirse a un otro. Y dejarse llevar.

No te cierres más. Abrí las alas. Abrazá al otro. Da oportunidades porque vas a estar dándoTE oportunidades. AMEMOS que no hay nada más lindo que eso.

Hoy leí: AMAR ES LIBERTAD. Y es tal cual.